22/12/11 04:35 | Abraham Campos
El segundo Grand Slam de la temporada se asomaba como una de las últimas tablas para que Rafael Nadal se mantuviera a flote en lo alto de las clasificaciones, en medio de una rivalidad creciente con Novak Djokovic.
Con mucha incertidumbre arrancó el Abierto Francés, el la capital gala con Roland Garros. Un ascendente y efervescente Novak Djokovic llenaba la escena del tenis mundial al haber derrotado en cuatro finales consecutivas a Rafael Nadal, incluyendo dos en el mejor terreno del español, en los Masters 1000 de Roma y Madrid sobre arcilla.
Por otro lado, el escocés Andy Murray apenas estaba saliendo de una "depresión" que experimentó luego de perder una nueva final en Grand Slam en Australia a principios de año, hilvanando derrotas en primeras rondas pero con buenos resultados previos a la cita francesa.
Nadal tuvo un camino bastante sencillo hasta la semifinal, venciendo en sets corridos a cada oponente con el que se enfrentó, incluso el sueco Robin Soderling de quien tiene tal vez el recuerdo más amargo de su carrera cuando lo eliminó apenas en la cuarta ronda en 2009.
En semifinal se enfrentaría a Murray, que un poco a los tumbos llegaba hasta esa instancia, pero sin poder hacerle mayor fuerza al ibérico a pesar de dar un gran partido.
Por la parte baja del cuadro venía un Novak Djokovic como aplanadora, a paso de campeón, además sin jugar demasiadas horas por los retiros de sus oponentes en la primera ronda y en los cuartos de final. En semis se venía un encuentro espectacular con Roger Federer, por primera vez en sus carreras con las apuestas y los pronósticos del lado del serbio.
En contra de lo que la lógica dictaba por el momento que atravesaban ambos, Federer dio una demostración increíble de calidad, temple y talento para brindar tal vez el mejor partido del año, rompiendo el invicto de 41 partidos de Djokovic y avanzar nuevamente a la final de Roland Garros contra un viejo conocido.
Como en las finales de antaño, los errores puntuales del suizo y la paciencia de Nadal dictaron el camino para el desarrollo del encuentro, con Federer sacando tranquilamente para el primer set y entregándolo miserablemente. La reacción vendría en el tercer set, pero sería demasiado tarde ya que en el cuarto Nadal culminó su obra por 7-5, 7-6, 5-7 y 6-1, alzando su sexta Copa de los "Mosqueteros" y conservando su primer lugar algunas semanas más.
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