18/12/10 15:58 | Abraham Campos
Un nuevo cambio de estafeta se avecinaba, y qué mejor escenario que el de La Catedral para realizarse.
Después de una temporada arrolladora sobre arcilla que concluyó con la coronación en Roland Garros, el español Rafael Nadal se aprestaba a un duelo directo por la cima del ranking contra un Roger Federer que en este mismo escenario había recuperado la primera plaza un año atrás.
El torneo de Wimbledon siempre ha sido el más tradicional, prestigioso y el lugar de consagración para la mayoría de los considerados más grandes de la historia, como Bjorn Borg, Pete Sampras, el mismo Federer entre otros.
En esta edición 2010 edición la primera gran sorpresa la daría Yen-Hsun Lu que eliminó al tres veces finalista Andy Roddick en la cuarta ronda, avanzando por primera vez a cuartos de final en un torneo de Grand Slam. En la misma ronda caería el ex campeón Lleyton Hewitt contra Novak Djokovic, uno de los candidatos desde hace un par de años.
Las aspiraciones del pentacampeón Roger Federer se verían coartadas en la fase de cuartos de final, cayendo estrepitosamente contra el checo Tomas Berdych luego de haber alcanzado la final los últimos seis años ininterrumpidamente.
A la postre Berdych sería la gran revelación del torneo, alcanzando la gran final después de eliminar a Djokovic, en tanto que Rafael Nadal ya venía muy firme del otro lado del cuadro, eliminando a grandes jugadores sobre esta superficie como Robin Soderling y el favorito local, Andy Murray, que se quedaba una vez más con la frustración de no poder consagrarse en casa.
Con la eliminación de Federer y el llegar a la final para Nadal, el español se garantizaba ascender una vez más al No. 1 del mundo, pero eso no le fue suficiente y derrotó a Berdych en una final que fue de un solo lado, consiguiendo así su octavo trofeo "grande", el segundo en el césped de Wimbledon, dando por terminada la breve pero siempre excitante temporada sobre césped.
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